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EL MENSAJE DEL MAL

CÉSAR FERNÁNDEZ GARCÍA

ALGAR, 2012

Un becario muere súbitamente en el despacho de la Facultad de Filología. En un principio, todos creen que el estrés de los estudios ha acabado con su vida, pero un periodista descubre una trama que cambia el cariz del artículo y le obliga a centrarse en una secta satánica. Y en el origen de todo, un peligroso manuscrito diabólico envuelto de asesinatos, desapariciones, misterio…

Una novela escalofriante, que da miedo de verdad.

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LA ISLA DE LA TELEVISIÓN
Cesar Fernández García
Ediciones PALABRA, 2012
Colección: Mochila de Ástor
Serie negra, nº 22
Precio: 8,40 euros
Páginas: 192
A partir de 12 años

“La Isla de la Televisión” es el programa estrella de “La Cadena”, la única emisora que, en un futuro de ciencia-ficción, controla la vida de los ciudadanos. Su director y presentador, Cerebro Primero, acaba de poner en marcha la primera versión juvenil del afamado concurso. Joaquín, un chico de 15 años al que le encanta pintar, quiere ir y ganar el dinero destinado al ganador para así cambiar su dura situación familiar. Su madre, por supuesto, se niega, pero no lo puede impedir. Así son las reglas del Sistema ideado por “La Cadena”.
En helicóptero, en una escena impactante, Joaquín es arrojado sin miramientos al mar. El concurso ha dado comienzo y el protagonista tiene a toda costa que sobrevivir. Ya en la isla televisiva, conocerá a los otros concursantes de su misma edad, que han sido elegidos por poseer una cualidad en la que destacan: Pintor, Futbolista, Científica, Cantante,… La isla, como el guión del programa exige, está llena de trampas y de pruebas que los concursantes deben ir superando, a la vez que descubren que están ideadas por una mente retorcida y malvada.
La intención de la última novela de Fernández García es clara: criticar los “Reality Show”, que juegan con los bajos instintos de las personas y potencian la vida falsa y simulada. Para ello, el autor desenmascara los trucos y artimañas de ciertos programas de televisión, que solo buscan la manipulación de los espectadores. El antídoto contra ella se encuentra en la libertad individual y en la creatividad personal, que se esconde en el mundo interior de cada ser humano.
Como otras obras del autor, la novela posee una estructura impecable, calculada al milímetro, que conduce al lector con acierto hasta la hermosa escena final, cargada de simbolismo, donde Joaquín elabora un dibujo con una goma de borrar a partir de un fondo negro.
Los personajes, en general, están bien perfilados y son bastante creíbles, gracias a la marca o cualidad externa que los caracteriza. Entre los personajes, destacaría el rico mundo interior del protagonista Joaquín, que mantiene una relación especial con su padre muerto hace años, a través de la pintura y la belleza.
En cuanto al estilo de de la novela, la prosa de Fernández García es un buen ejemplo de LIJ de calidad, realizando un difícil equilibrio entre lo estético y lo funcional. El libro se lee con facilidad y con agrado, con el alma en un puño en las escenas de acción, pero también con el corazón encogido en las escenas más descriptivas y emotivas.
En definitiva, una buena novela de aventuras y de misterio, que no dejará indiferente al lector… ¡Bienvenidos al concurso!

La novela retoma una leyenda que Gustavo Adolfo Bécquer cita en su libro Cartas desde mi celda. De hecho, el protagonista del primer capítulo es dicho autor. Durante los 19 capítulos restantes el protagonista es su descendiente Emilio. El misterio de una joven bruja, la ultima de la saga de las brujas de Trasmoz, obsesionó a Gustavo Adolfo. También en el siglo XXI atraerá fatalmente a su descendiente que pretende escribir sobre ella. Para ello el joven Emilio se retirará a un monasterio en la zona del Moncayo. Pretende encontrar la paz necesaria para poder novelar la historia de Gorgona, la última bruja de Trasmoz. Muy pronto, se verá envuelto en una aventura donde no faltarán las muertes misteriosas, la búsqueda de libros y objetos peligrosos, las persecuciones y continuas sorpresas. La presencia de Beatriz, una bella mujer que busca una calavera de cristal que perteneció a Gorgona, hará que Emilio conozca el amor, tal y como lo entendía su ascendiente Gustavo Adolfo Bécquer. Todas las piezas de la acción se encaminan hacia un desenlace sorprendente, inesperado pero, al mismo tiempo, coherente con la lógica interna del relato.

La última bruja de Trasmoz es una excelente novela que se sostiene sobre unos personajes bien armados. Su complejidad ayuda a dotar a la intriga de profundidad psicológica. Incluso, la propia bruja se nos desvelará como un espejo infernal donde, si te miras, te devuelve la mirada. Al infierno no hay que mirarlo.

Junto a la acción trepidante, encontramos sutiles reflexiones sobre aspectos que interesaron a Bécquer y que, a los jóvenes lectores del siglo XXI, siguen interesando. Entre estas reflexiones encontramos la oposición entre lo mortal y lo inmortal. No en vano las últimas palabras de Gustavo Adolfo Bécquer fueron: “Todo mortal”. El desarrollo de la historia demostrará que no todo es mortal. Al fin y al cabo, el mundo se sostiene sobre una red oculta de enlaces motivados. Nada es casual. Todo apunta hacia la pervivencia de nuestras obras e ideas.

El comienzo de la novela, que reproduzco abajo, es un botón de muestra de la capacidad que tiene para agarrar al lector y no dejarlo escapar:

“ – ¿Quién anda ahí? – gritó aterrado Gustado Adolfo Bécquer.

Alguien venía siguiendo al escritor desde que se había internado en el bosque. Quizás desde que había salido del monasterio de Veruela.

Sí. Alguien caminaba tras él. Estaba casi seguro. Pero ¿quién?

Se detuvo y, embozado en su capa, aguantó la respiración para oír mejor las pisadas de su perseguidor.”