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Cuatro muertes para Lidia
Enrique Páez
Editorial Bruño
Colección Paralelo Cero
124 págs.

Lidia, una adolescente de quince años, narra su largo e incierto viaje a través de un mundo en llamas, recién salido de un Apocalipsis. Con un inicio impactante, que muestra a su pueblo calcinado e invadido por las ratas, la protagonista, acompañada de su padre y de su hermano deficiente, huye de su hogar en busca de su madre y de una posibilidad de futuro más allá de los desiertos de ceniza.
El autor utiliza un lenguaje expresivo y rico que atrapa al lector en una historia de supervivencia al límite, con escenarios de pesadilla, descritos de forma detallada y realista, en los que se producen escenas cargadas de emotividad y dureza.

Las tíbias cruzadas. Skeleton Creek III de Patrick Carman;

MadridBruño pp. 232,  15,00 €.

 

Como en entregas anteriores de la saga SKELETON CREEK, su última novela Las tibias cruzadas presenta dos caras complementarias e indivisibles, como el anverso y el reverso de una moneda.

Por un lado, se trata de una obra innovadora y vanguardista, ya que rompe las fronteras del libro tradicional, al incluir contenido multimedia.  La novela combina la escritura del Diario de Ryan, que el protagonista escribe desde su casa, con los vídeos que su amiga Sarah graba por distintas localizaciones y que el lector debe ver a través de una página de Internet. Además sus páginas incluyen numerosos correos electrónicos y mensajes de móviles, que los personajes intercambian continuamente. Lo que da a la novela un aire muy moderno y  muy cercano a los jóvenes, amantes de la Tecnología.

Por otro lado, se trata de una obra clásica. En el fondo Las tibias cruzadas es una historia de fantasmas, una novela de misterio, con pinceladas de terror. El autor no se sale en ningún momento del género, sino que se encuentra muy a gusto dentro de él. La intención del libro es crear suspense, dar miedo, tener intrigado al lector hasta final. En eso el autor norteamericano Patrick Carman es un maestro. Para ello emplea numerosos motivos típicos del género: sectas secretas y misteriosas, desaparecidos  fantasmas  que regresan, nombres en clave (“El Apostol” o “El Cuervo”), ambientaciones nocturnas, viejas  grabaciones, lugares embrujados, mapas del tesoro, acertijos y calaveras, galerías subterráneas…

Con respecto a otras entregas, el autor ha incluido algunos cambios, que dan más intensidad a la obra. La acción, por ejemplo, se sitúa en verano y los habitantes de Skeleton Creew padecen una fiebre derrochadora, gracias al oro encontrado en la draga. Los protagonistas están separados por cientos de kilómetros, ya que los padres de Sarah han decidido abandonar  ese pueblo maldito. Su amistad parece en principio debilitada, aunque la pasión por la aventura volverá a reunirlos.

El núcleo de la novela es  “el  Acertijo de la Calavera”, que Ryan ha encontrado en un sobre olvidado y que los protagonistas inevitablemente deberán resolver. De forma paralela, Sarah tiene que realizar un curso de Cine, por lo que se embarca en un largo viaje desde Boston hasta Los Ángeles.  Durante el trayecto, se dedica a grabar documentales y a estar detrás de la cámara.

Asimismo, la novela deja de transcurrir exclusivamente en Skeleton Creek para desarrollarse en otros lugares “mágicos” o “embrujados” de Norteamérica, donde suceden hechos sobrenaturales: un cementerio abandonado de Chicago, el aula 311 de un instituto de Springfield, un hotel embrujado de Texas, la legendaria mansión de los Winchester… Además, se profundiza bastante en la historia de la secta de Las tibias cruzadas, ampliando su significado y vinculándola con el origen de los EEUU.

Como lector, lo que me parece mejor del libro es cómo Patrick Carman maneja la trama, cómo dosifica la información. El autor es un excelente guionista. A través de los vídeos y los descubrimientos que va realizando Sarah, Ryan va resolviendo el Acertijo de la Calavera, pero al mismo tiempo lo va haciendo el lector. Además,  la novela está escrita con un lenguaje ágil y directo, con predominio de frases cortas y vocabulario coloquial, lo que facilita enormemente su lectura.  Gran parte del éxito en español, sin duda, se debe a la labor de traducción.

En resumen, un libro muy atractivo y moderno. Pero, al mismo tiempo, una historia de fantasmas clásica, que hará pasar a todos una emocionante sesión de lectura.

La canción de Mani Blay de Jordi Sierra y Fabra. MadridEditorial Bruño , Paralelo Cero Nº 70,  2011.  202 pp., 8.50 euros. A partir de 13 años.

Por Miguel Luis Sancho.

Mani Blay es una estrella de la música, un ídolo para miles de adolescentes, la última leyenda del gran circo del rock. En las calles de Barcelona, una fans enloquecida acaba de atentar contra su vida. Siete disparos, que le han conducido hasta el quirófano de urgencias de un hospital. Allí, en medio del desconcierto, un enfermero roba su camisa ensangrentada, como si se tratase de una valiosa joya o de una reliquia religiosa. El final de John Lennon parece repetirse. Otro mártir está a punto de ingresar en la Historia sagrada del Rock.

Este hecho truculento desata la locura colectiva. Seguidores, periodistas, familiares, disc-jockeys, coleccionistas,… Todos quedan conmocionados por la impactante noticia, mientras que el cantante se debate agónicamente entre la vida y la muerte.

El libro se encuentra dividido en tres estrofas y una coda, imitando la estructura de una composición musical. De hecho, como ocurre en varios lugares de la novela, el autor incluye la letra de algunas de las canciones del ídolo de masas. Este recurso le sirve para dar vos a Mani Blay, para mostrar su fondo romántico, puro e indestructible. Lástima que no se trate de un libro transmedia, ya que la novela podía haber incluido, una banda sonora, incluso vídeos musicales del cantante. Se hubiera conseguido una obra mucho más vanguardista y moderna.

Además, la novela nos invita a reflexionar sobre el disparatado mundo de la música, sobre el delirante circo del rock, tan comercial y absurdo, clonado hasta ser “solo forma, no fondo”.  Con este libro,  Sierra y Fabra defiende la necesidad de volver a “la pureza del primitivo empuje”, al talento creativo, a la música llena de contenido, a la verdadera “joya” espiritual, tan necesaria sobre todo en la adolescencia.

Como un gran mago de la narración, el autor urde una inteligente red entre los personajes, dando lugar a numerosas y variadas subtramas, que se desarrollan con coherencia y naturalidad a lo largo de toda la obra. En general, los personajes están bien caracterizados, aunque quizás puedan parecer un poco tópicos a un lector adulto: la fans enloquecida, el coleccionista, el crítico musical, la novia del músico, su manager… Cabe destacar las escenas de conjunto, como la final del libro, donde el autor mueve a los personajes con una soltura admirable, como si se tratara de una cuidada coreografía.

Con su estilo directo y afilado como un estilete, el autor no da tregua al lector desde el arranque, sumergiéndole en una trama emocionante y llena de suspense. La brevedad de los capítulos,  la utilización de frases cortas y  el empleo de diálogos vivos favorece la rápida lectura de la obra, que no ofrecerá ninguna dificultad al lector juvenil al que va dirigida.

La única crítica posible de esta nueva versión del libro es que se trata de una novela más de “Jordi”, que no va más allá, que se repite algunos de sus temas preferidos, muchas de sus técnicas narrativas… Sin embargo, la novela presenta una impecable factura y posee interés en sí misma.

Al que firma esta reseña, todavía le queda mucho que aprender de  La canción de Mani Blay.